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Preparando la Navidad

Hoy en Medori Comunicación, agencia de publicidad en Ibiza, contamos con el precioso relato de Ricardo sobre la Navidad

Mis queridos amigos del Rincón de Ricardo:

Dentro de pocos días, y una nueva Navidad ha de amanecer sobre el mundo. Las grandes ciudades presentan ya sus luminarias de alegres y coloridos diseños atravesando calles y avenidas, contribuyendo de esa manera al clima festivo de finales de año. Los escaparates y vidrieras de tiendas y grandes negocios y oficinas ostentan sus adornos a cual más original y excelencia de montaje.

Mientras, en el seno de las familias, incluso las más humildes, se esmeran en preparar la gran cena de Navidad con exquisitos manjares y deliciosas confituras para la celebración, ocupándose de los detalles decorativos de sus viviendas para que luzcan espléndidas esa noche, sin olvidar en la ambientación el tradicional árbol con sus luces y adornos multicolores… Y, de tanto en tanto, un pesebre mostrando una imagen de aquello que, históricamente, ocurrió una fría noche de hace dos mil años en una ciudad llamada Belén.

Y aquí nos preguntamos: ¿qué es el pesebre? ¿Es eso la Navidad? Precisamente ahí, está todo el sentido de esta celebración el nacimiento del hijo de Dios, Jesús, que se ofreció al Padre Dios como víctima propiciatoria para salvar a la humanidad del pecado y de la muerte. Si le quitamos esa motivación, la Navidad pierde completamente todo su contenido y transformamos la celebración de esa noche maravillosa en una fiesta vacía, en un brindis sin sentido.

El pesebre fue inventado (o recreado) por primera vez por San Francisco de Asís, el santo de la humildad y la pobreza, en la Navidad del año 1223 en el pueblecito de Greccio, en Italia. Francisco estaba débil y enfermo, y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra, quiso celebrarla de una manera distinta y muy especial. Un amigo de Francisco, el señor Juan Velita, era dueño de un pequeño bosque en las montañas de Greccio, y en ese bosque había una gruta que a Francisco le pareció que era casi idéntica a la cuevita donde nació Jesús en los campos de Belén y que él había conocido hacía poco en su viaje a Tierra Santa.

El pesebre fue inventado por primera vez por San Francisco de Asís, el santo de la humildad y la pobreza

Francisco habló con su amigo, le contó su idea de hacer allí un “pesebre vivo” y juntos prepararon todo en secreto para que fuera una sorpresa para los habitantes del pueblo, niños y grandes. Entre la gente del pueblo, Francisco y Juan escogieron algunas personas para que representaran a María, a José y a los pastores; les hicieron prometer que no dirían nada a nadie antes de la Navidad y, siguiendo el relato del Evangelio de San Lucas, prepararon la escena del nacimiento. ¡Hasta consiguieron un hermoso bebé para que representara a Jesús!

La noche de Navidad, cuando todas las familias estaban reunidas en sus casas, las campanas de la iglesia comenzaron a tocar solas, tocaban y tocaban como si hubiera una celebración especial, pero nadie sabía que estaba pasando. El párroco del pueblo no había dicho que iba a celebrar la Misa de Gallo, así que, sorprendidos y asustados a la vez, todos los habitantes de Greccio salieron de sus casas para ver qué era lo que estaba sucediendo, entonces vieron a Francisco que desde la montaña los llamaba y les indicaba que subieran donde él estaba.

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Alumbrándose con antorchas, porque la noche estaba muy oscura y hacía mucho frío, todos se dirigieron al lugar indicado, y cuando llegaron quedaron tan admirados que cayeron de rodillas, porque estaban viendo algo que nunca habían pensado poder ver, era como si el tiempo hubiera retrocedido muchos años y se encontraran en Belén celebrando la primera Navidad de la historia: María tenía a Jesús en sus brazos y José, muy entusiasmado, conversaba con un grupo de pastores y pastoras que no se cansaban de admirar al niño que acababa de nacer.

Después, cuando todos se calmaron, el sacerdote que había sido cómplice de Francisco y de Juan Velita en aquel secreto, celebró la Santa Misa, y Jesús se hizo presente en el pan y en el vino consagrados, como pasa siempre que se celebra una misa en cualquier lugar del mundo.

Terminada la Eucaristía, Francisco, lleno de amor y de alegría, les contó a todos los presentes, con lujo de detalles, la hermosa historia de la Navidad y Jesús, luz del mundo, llenó sus corazones de paz y de amor.

Tres años más tarde, Francisco murió, dejándonos esta costumbre tan hermosa de armar el  pesebre cada vez que se acerca la Navidad, en cuya confección participan grandes y pequeños con desbordante alegría y entusiasmo. Este es el verdadero sentido de la celebración de la Navidad. Dios quiere que así interpretemos y festejemos con alma y corazón de niños y que esta celebración nos transporte hasta aquella fría noche del canto de los ángeles:

“GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS Y PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES AMADOS POR EL MUY FELIZ NAVIDAD PARA TODOS».

RICARDO.

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